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martes, 25 de mayo de 2010

Ser Feliz




SER FELIZ


Esta mañana he querido recordarme cuan feliz he sido. Cuántas horas pensando en la felicidad, observándola como en una vitrina, tan a la mano pero tan inalcanzable. Tantas horas pensando en el significado de la felicidad mientras jugaba con ella como lo haces tú con tu cabello. Me pregunte entonces, qué es la felicidad?, como se es feliz, y de manera más precisa me interrogué sobre las cosas que particularmente considero me hacen feliz.

Descubrí entonces que me hace feliz ir al viejo muelle, derribado, vencido como los malos recuerdos. Me gusta de esa forma el viejo muelle porque amar la belleza es tan fácil. Todos aman lo bello, más se requiere un poco de esfuerzo para encontrar hermosas las ruinas de algo. Me gusta oír mi voz  modulando melodías al compás de una guitarra. Me gusta como toca  mi compadre esa guitarra. Me gusta la lluvia, porque reviste un cambio casi milagroso en mi calor canicular. Me gusta pensar que la gente es feliz. Que Dios nos regaló la posibilidad de ser felices, aun sin Él. Es como la vida, un regalo sin compromiso. Eso habla de su bondad.

Me gusta un cono de helado, de esos de 2 mil pesos. Me gusta caminar las ciudades. Me gusta sentirme enamorado. Ese sentimiento extrae lo mejor que hay en mí. Me gusta ver sonreír a las mujeres, me gusta verlas caminar con esa delicadeza de la flor al viento. Me gusta ir por la calle y encontrarme casualmente con una linda canción en los  lugares menos esperados, como en un bus, como en una esquina.

Amo encontrar belleza donde otros no. Me gusta ser yo, a pesar del mundo,  a pesar de todos. Me encanta saber que Dios me permite ser yo. Que Dios desea mi libertad.

Me encanta ver correr a mis perros, que no son conscientes de nada y con muy poco pueden ser felices. Me miran esperando una caricia en las orejas, y cuando se las doy, la disfrutan más que muchas personas su propia vida.

Le doy gracias a Dios por la vida, por la posibilidad de guardar esperanzas en el corazón. Por permitir que aunque sintamos que todo ha acabado, que no se puede hacer nada ya, aun queda todo por hacer. Que Dios no se rinde con nosotros.

Me gusta comprar libros de segunda, porque siento que les doy nuevas oportunidades a objetos que ya han sido condenados a la decadencia del olvido. Me gusta escuchar canciones que ya casi nadie escucha, porque de esa forma le doy vida a lo mejor que pudieron dar muchas otras personas de sí. Me gusta pensar que hay tantas cosas gratis aun. O tan baratas. Como una coca cola bien helada. Me encanta hablar con una mujer que me guste, y sentir que deseo gustarle más. Me gusta sentir que le interesan mis cosas, me gusta que me hable de las suyas. Me encanta saber que a pesar de haber sufrido, de haber perdido, siempre puede venir alguien más. Incluso las mismas personas, pero diferentes, mejores. Todo es posible.
Que las cosas no son buenas o malas, solo son cosas, que somos nosotros quienes las matizamos, y que podemos tomar la decisión de dibujarlas con colores agradables. Que de las malas experiencias podemos extraer cosas positivas. Incluso la muerte es una nueva oportunidad. No podemos perder nada, porque nada es nuestro, ni siquiera la vida.

Me encanta saber que aunque nos encontremos perdidos en nuestros afanes cotidianos; en nuestras preocupaciones, en nuestros sufrimientos, en nuestra auto-conmiseración. Aun así nuestro cuerpo se levantará a cada mañana, así no lo queramos. Me encanta saber que todavía existen buenas personas. Que aun existe mucha nobleza en el mundo. Que aun el existe bien.

Me gusta saber que hay mejores personas que yo, porque eso me permite mantenerme humilde. Me encanta saber que haga lo que haga, y por más alto que llegue, nunca seré más que un ser humano, tan amado por Dios como los otros miles de millones de personas sobre este planeta.

Me encanta saber que todo es pasajero. Que la vida es un viaje muy corto. Me encanta estar consciente de ello, porque de ese modo puedo dimensionar las cosas correctamente. Puedo entender que es mucha la bondad de Dios. Porque El sabe cuán corta es la vida, sin embargo permite que dejemos una huella en la existencia de otras personas, y que solo de nosotros depende que tipo de huella podemos dejar. Porque somos como una piedra arrojada al lago, cuyas ondas en el agua seguirán resonando aunque ya reposemos en el fondo del estanque.

Me encanta el sonido del piano, me encanta saber que se han hecho cosas tan hermosas. Tanta música bella, tantas pinturas perfectas, tanta poesía vital. Dios es un gran artista, no queda la menor duda.

Me encanta pensar en mi futuro, me encanta pensar que algun día seré un buen padre. Que algun día seré un buen esposo. Que mi prioridad será el bienestar de otras personas.
Me parece increíble que exista el perdón. Pues de otra forma nos veríamos obligaos a vivir bajo el yugo del pasado. Porque sería imposible recomenzar.
Doy gracias a Dios por la vida, por la amistad, por el amor. Y por poder compartir esto con las personas que Él ha puesto en mí camino.


Dios te bendiga.

martes, 18 de mayo de 2010

Sobre las abstracciones (Reflexión)




He querido iniciar una serie de ensayos en los cuales abarcar de una forma más o menos lógica y ordenada, algunos de los asuntos que me ocupan en el ejercicio de pensar.
He estado reflexionando sobre  la facultad que tienen las formas de comunicación humana, de abarcar la realidad tangible presentada al ser humano mediante los sentidos. ¿Acaso todo es abarcable mediante palabras, mediante imágenes o letras? Todo lo inherente al ser humano es comunicable? Hasta donde llegan las posibilidades?
Es imposible el desarrollo de una especie sobre este planeta si carece de posibilidades de comunicación. No es cosa difícil observar todas y cada una de las especies y describir como cada una de ella ha desarrollado de cierta forma un lenguaje o forma de comunicación particular, aptitudes de transferir información a sus iguales y permitir asimismo la preservación de la especie a través de la reproducción, del trabajo en equipo y de los vínculos sociales entre los individuos.
En el caso del ser humano este asunto se hace evidentemente más complejo. Si bien las especies animales tienen formas de comunicación bastante avanzadas, el ser humano ha llevado al limite sus posibilidades de interacción, diseñando bien sea subconsciente o deliberadamente  medios increíblemente eficaces de transferir información con los demás individuos de su especie.  ¿Para qué sirve la comunicación? Podría atreverme a postular una respuesta bastante tajante. El  ser vivo necesita comunicarse para vivir, para hacer viable  el ejercicio vital. El ser humano no escapa al postulado.
Retomando el hilo inicial de esta disertación me pregunto si acaso ¿es posible la vida sin comunicación? incluso el  proceso de  reproducción, es un proceso comunicativo, donde se comparte información a través del contacto genético., del relevo de la información escrita indeleblemente en los códigos genéticos. Después de concluir lo anterior, me surge otra duda.
La comunicación, la transferencia de información (en todas sus posibilidades) es el objetivo. El lenguaje es el canal, es el medio. Pero creo que suscribirnos al lenguaje y a sus variantes como medio por excelencia de comunicación es bastante restrictivo. El mundo entero  esta bullendo información.  La vida misma es información, he dicho anteriormente que considero que los seres vivos mismos son unas grandes dispositivos de almacenamiento de información, del gran libro de la vida;  es como si fuéramos unas  memorias usb vivientes.
Ahora, decía que existe un asunto que me inquieta. Todo es comunicable? Es decir la cuestión de la existencia radica en que algún asunto sea comunicable o no?. O el presupuesto de la existencia es la comunicabilidad de la misma?. Si respondemos este asunto, podremos responder este otro.
Solo existe lo que podemos comunicar, o existe algo superior, incomunicable, inabarcable mediante los mecanismos de comunicación que conocemos?.
Existen cosas que pueden no ser abarcables mediante los sentidos? O son los sentidos imprescindibles para inteligir, por ende procesar la información?.
Lo quiero ejemplificar. Digamos que existe una gran autopista entre el punto A y el B. esa gran autopista permite que fluya le trafico de una forma completamente normal. Pero digamos que eliminamos esa autopista,. Que cortamos las posibilidades de llegar de un punto al otro. Ese fenómeno implicaría que no existiera alguno de los puntos sencillamente porque no se pudiera llegar a él?
Pienso que es indefectiblemente necesario para la vida la capacidad de inteligir para existir, y al referirme a inteligir, apunto a la capacidad de procesar la información que nos llega.
Pero pregunto, si realizáramos el ejercicio hipotético de eliminar uno por uno los sentidos, aun así, sería posible comunicarnos? Interactuar entre nosotros? (otra duda, interactuáramos entre nosotros o con el mundo, con la realidad y los otros solo hacen parte de una entidad superior?)  Sería posible para el ser humano como ente vivo más exitoso,  como especie suprema sobre este planeta poder interactuar sin los sentidos?
Entiendo los sentidos como los ojos del cerebro (valga la redundancia del ejemplo) pero sería posible entablar a través de un canal de entrada de información  diferente?
Los sentidos nos ofrecen de la realidad, una representación, una idea de la misma. El percibir no crea, el percibir informa de lo existente. Pero sería posible acudir a la esencia misma de lo existente, sin canales de por medio, sin representaciones, sin abstracciones de la realidad, suprimiendo la palabra como medio de inteligir? Podríamos poner una sonda y transferir directamente la realidad a nuestro cerebro que es el centro de nuestro universo comprehensible , sin canales de aproximación?. Sin medios tan engañosos?
Podemos insertar la realidad sin representarla, o es acaso imprescindible la abstracción de la realidad para digerirla mediante la razón? Es necesario masticar antes de tragar, y así mismo es necesario digerir para asimilar los nutrientes. (Incluso el proceso digestivo es un medio de comunicación entre el individuo y su entorno, los nutrientes al fin y al cabo son cosas, son información).

jueves, 11 de marzo de 2010

Sobre la vida consciente y otras reflexiones. (*)

(*) ensayo para participación en el corcurso de ensayo literario Universidad del norte 2009.


Al aparente azar de los recuerdos he querido remitir la difícil tarea de seleccionar cinco libros.
Cinco libros que merezcan ser descritos y de los que debo hablar; sobre ellos y de las razones por las cuales estimo su relevancia.
He sometido esta compleja selección a un golpe de dados, a una mano de póquer, al criterio “fácil” e impersonal de la memoria preguntándome en un diálogo imaginario, ¿Cuáles son los cinco primeros libros que acuden a mi mente en este preciso instante?
¿Acaso resulta el anterior, un criterio selectivo demasiado frívolo?: Probablemente, sin embargo en lugar de intentar desesperadamente impresionar a un jurado con algún elaborado criterio digno de nobel, he querido apelar al aparente azar de “lo primero que se venga a la mente” para elegir las obras de mi modesta lista de libros. Pareciera aquella una pregunta casi trivial sino alegara antes en mi defensa, que a lo primero que recurre nuestra memoria ante preguntas de este tipo, no es necesariamente a lo más elemental; sino precisamente a aquello que de una u otra forma ha dejado en nosotros una impresión imborrable. ¿Qué mejor criterio de selección entonces?
La primera obra elegida, fue Historia de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. Al lector incauto esta obra no produciría mas efecto que una simpática impresión del autor. Sin embargo, ante una más atenta lectura de estos relatos, podremos descubrir una singular filosofía de vida, oculta entre aquellas líneas; podremos apreciar un sutil y sumamente inteligente sentido del humor, y una muy elaborada atmósfera de inocencia casi infantil lograda con maestría por este autor.
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. (…) te regalan – no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu mano con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca”.
Nótese la genial descripción que de algo tan corriente, como el obsequiar un reloj, realiza tan creativamente el autor.
“un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”.
Gracias a esta maravillosa obra, he aprendido que la vida vista desde la óptica de lo infantil, de lo pequeño, puede resultar más grata y más tolerable. Aprendí también a darle más valor a los detalles, a admirarme con elementos de la cotidianidad que normalmente nos pasan desapercibidos, como disfrutar del mar de flores que nos obsequia la primavera de mi ciudad, ¿te has detenido a observar la belleza y majestuosidad de un roble morado, florecido en la primavera barranquillera?, se derrama entre febrero y marzo, en una magnífica explosión de color, de formas y aromas.
He aprendido también con mi amigo Cortázar, a encontrar en episodios de nuestra vida común y corriente; como un subir de escaleras, o el darle cuerda a un reloj; un tema de reflexión, una historia para escribir.
A Cortázar le debo el no haber perdido la capacidad de asombro por fenómenos y cosas aparentemente nimias del vivir, mas aun en un mundo que es entendido inversamente proporcional conforme avanza.
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Es este, el Coronel Aureliano Buendía, uno de los principales personajes (¿debería decir protagonista?) de Cien años de soledad, la obra más excelsa que se haya escrito en lengua castellana desde el mismísimo Quijote de Cervantes. Y esta introducción, (de las más aplaudidas de la literatura universal, junto a las de Nabokov, Poe y Hemingway), marca la puerta de entrada a esta obra total, que es el Alfa y el Omega de Macondo.
Esta obra constituye el segundo libro de mi lista. Podría extender dispendiosamente la descripción de mi experiencia con esta obra, sin embargo podría resumirla diciendo que “Gracias a García Márquez, conseguí identificarme y enorgullecerme de ser un hombre Caribe”.
“Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído (…) pero no pudieron despertarlo. (...) cuando el carpintero tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una lluvia de minúsculas flores amarillas”.
Con este poético episodio se despide la providencia del que fuera el dios y fundador de esa extraña población; el famoso deicidio de “Gabo”.
La vasta obra de García Márquez, es el más bello homenaje que se la haya podido rendir a la llamada Nación Caribe. La lectura de Cien años de soledad resulta tan amena, tan fresca, que pareciera estar siendo contada oralmente. Me resulta tan incluyente, que casi me siento dibujado al interior de los remotos paisajes macondianos.
Puedo ver a mi abuela Mamá Chave, la matriarca, dando órdenes por doquier en su pequeño imperio doméstico como si se tratase de mi propia Úrsula Iguarán. Puedo ver en aquellos paisajes, a mi imperecedero abuelo Pacho regresando del monte sobre el lomo de su infatigable burro. Recuerdo aquellas ancestrales tierras, las patillas, los tamarindos, el café hecho en esas viejas ollitas perpetuamente ennegrecidas por el tizne del fogón de leña. Puedo ver también a mis tías, solteras ya de por vida, ocupadísimas en los demasiados quehaceres de aquella, mi casa grande.
Debo escoger ahora con sumo cuidado las palabras que emplearé para hablar sobre una obra tan compleja como es El lobo Estepario, de Herman Hesse, que es el tercer libro de mi lista. Me hubiera resultado imposible omitir en mi evocación literaria, una obra tan inherente a mis propias experiencias, a mi propia filosofía, como esta del premio nobel de 1946.
“el hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de formulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas.”
La eterna pugna interna entre los yo que hacen parte de un mismo ser, complementándose entre sí como los lados de un cubo.
Desde la biblia, pasando por Parménides hasta Freud, y desde Wilde hasta Poe. Ha sido tratado profundamente el asunto de la multiplicidad del ser. Sin embargo, me atrevo a afirmar que ha sido Hesse, quien ha abarcado de la forma más perfecta, un tema tan arduo para el pensar.
Un hombre no es solo uno. “un hombre”, es una multiplicidad de entes que en conjunto reflejan lo que apreciamos como unidad.
Esa unidad del ser, que de forma tan obtusa percibimos, no obedece más que a nuestra pobre concepción del cuerpo humano como unidad no como conjunto. Nuestro propio organismo no es una unidad, sino un pequeño universo de vida, de microorganismos conviviendo entre sí en el más perfecto caos.
Ahora, si emprendemos vuelo hacia pensamientos más elevados, debemos cuestionarnos ¿Cómo, cuándo ni siquiera nuestro cuerpo es una unidad, ha de serlo tampoco nuestro espíritu o nuestra alma?
“y es que claro, el pecho, el cuerpo, no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos”
Fernando Pessoa es el poeta nacional de Portugal, mi poeta favorito, y su obra, resumida en la antología poética El poeta es un fingidor, es el cuarto libro de mi lista.
El poeta es un fingidor,
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.(…)

Sus versos son como agua fresca para el espíritu, sus poemas me han facilitado el análisis de ciertos aspectos de mi espiritualidad bajo nuevas luces.
“Algunos tienen – y es sufrir – la duda:
¿Hay dios o no? ¿Existe el alma o no?
Mas yo no dudo: ignoro. Y si el horror
De dudar es tan grande, el de ignorar
Ni entre los pensamientos tiene nombre”

He hallado en este artista, un compañero en la duda, un amigo en la oscuridad de la ignorancia.
“(¿qué más se yo de dios, que dios de sí mismo?)
Le obedezco viviendo, espontáneamente,
Como quien abre los ojos y ve,
Y le llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes,
Y le amo sin pensar en él,
Y le pienso viendo y oyendo
Y ando con él a todas horas”

Concebir a dios, no como Dios, sino como “el todo”, el aire, las aves, las flores, la naturaleza.
La vida profunda de Barba Jacob, y Rubén Darío que escribió esto:
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Y ¡sí que pesa el vivir!
Vivir en la ignorancia de la propia existencia, no es bueno ni malo, simplemente es dormir, decía Pessoa “Mas ahora estoy durmiendo… porque es sueño el no saber”
Sin embargo, tan inocua es aquella ignorancia, como terrible la consciencia del existir, esta que Rubén Darío llamara “vida consciente”.

“Sólo son la ignorancia y la inocencia
Felices, más lo ignoran. ¿Son o no?
¿Qué es, sin saberlo, ser? Ser, cual la piedra
Un lugar nada más”.

¿Que nos da el vivir pensante, más que dudas y la triste consciencia de la más absoluta ignorancia?
Si Pessoa me brindó nuevas luces para observar mi espiritualidad, Quevedo, ese gran maestro del vivir, me enseñó a valorar constantemente la vida, a apreciar la irrelevancia de tantas cosas tan erróneamente valoradas de la existencia, como la riqueza y la gloria. Me enseñó Quevedo una nueva dimensión del amor, ese amor constante más allá de la muerte.

(…) ¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza,
en esta vida frágil y liviana?,
las dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza (…)

La vida en sí misma es ilógica. La razón del “ser”, se escapa a nuestros muy limitados razonamientos. Siempre son lo que se siente, y lo que se vive, aunque pasen desapercibidos en el devenir de nuestras vidas, las cosas que al llegar el blanco día tendremos en cuenta para hacer nuestro balance final, un balance que muchas veces (caso Iván Illich), nos arroja a la cara, un triste saldo en rojo.
Desde que nacemos empezamos a morir un poco, es como si naciéramos con un reloj en conteo regresivo incrustado en el pecho. La vida, es la misma muerte, pero en cuenta regresiva.
Entonces: ¿Qué otra cosa vale más la pena del vivir, que el amor?

“Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.”


Por:
El Argonauta.

La hipocresía de la sociedad occidental.



Nuestra sociedad funciona de este modo:
En términos generales se cree en Dios, en Jesucristo, y en la biblia como la palabra de Dios. Es un hecho aceptado. Luego entonces lo ateo o lo agnóstico, no vende, es rechazado, marginado a la mejor forma inquisitorial. Pero también es claro que no se es consecuente con lo que se cree.
Observemos. Vivimos en la sociedad occidental, abanderada de la libertad, el libre pensamiento, el racionalismo, los derechos humanos y del Dios de Abraham y Moisés. No obstante todos estos arquetipos en los que se ha fundamentado esta extraña civilización son abandonados por esta misma en el plano de lo fáctico. Las naciones occidentales en nombre de causas tan etéreas como la libertad, o como la defensa de los derechos humanos, han cometido los crímenes más horrendos de la historia de la humanidad. Y no hablemos de Dios. Cuyo nombre ha sido históricamente manipulado para justificar otras de las peores infamias de nuestra avanzada cultura.
Entonces, creemos en Dios o no?
Por eso el nombre de este ensayo. Hipocresía. Se cree, pero no se aplica, se predica pero no se está del todo convencido. Se quiere vivir bajo  parámetros auto impuestos, a pesar de abandonar los preceptos que implican el hecho de creer en Dios. En Colombia por ejemplo, es muy políticamente correcto creer en Dios. Pero los cristianos evangélicos, son mirados con desconfianza. Es cultural e intelectualmente heroico no creer en Dios, sin embargo, en el fondo aun persiste la duda sobre no creer. En Colombia se es políticamente correcto al ser católico. Pero en Estados Unidos por ejemplo, lo es más el ser protestante.
Yo creo que es necesario hacer un examen crítico y serio de la forma en que estamos llevando nuestra espiritualidad, tal vez estemos incurriendo en la más terrible inconsecuencia.

Después seguiremos reflexionando.

viernes, 27 de noviembre de 2009

divagación "el sueño"





En cierta ocasión dormí una siesta de casi dos mil años, y cuando desperté, descubrí con asombro que me había perdido una vida entera ... la mía.



Alan Corvis.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Testimonial.


esto fue escrito el 9 de mayo de 2009...



Súplica a un dios improbable.



Dígnate señor posar tus ojos sobre este horrible abismo, de donde con fervor te clamo.

Atiende mi súplica, atiende ¡oh luz del universo! mi llamado, apelo en mi eterna noche a tu misericordia. El más breve y tenue rayo de tu luz, es suficiente para romper tan densa tiniebla. Perdona mi ignorancia, sálvame de ella ¡oh señor!, escucha mi súplica, seca con tus manos mi llanto. Déjame, a mí, indigno e insignificante ser, aunque sea solo un instante, contemplar la luz de tu rostro. Sácame de la ignorancia. Permíteme ser tu tenaz servidor.

Sana mi dolor de vivir, regálame el don de la fe. Revélate ¡oh creador!, alza tu espada y hiere a tu enemigo, que me atormenta sin clemencia en este valle de injusticia y lagrimas.

Dígnate mostrarme tu luz, ¡oh fuego consumidor!, ¡oh sol del universo!, dame tu lanza para vencer a mis enemigos. Déjame ver la luz del conocimiento supremo, aun cuando no la resista mi mente.

Me hallo aquí a tu merced, con las rodillas hincadas, y el alma sujeta a súplica tan elevada. Tengo mi señor, el cuerpo, agotado de este mundo, de esta realidad tan pobre.

Clamo por ti desde la más espantosa obscuridad, déjame sentir tu voz, y que como un poderoso trueno retumbe en la eternidad, déjame sentir tu mano, que acaricie mi rostro como la brisa del mar. Revélate, y permíteme descubrir que no estoy solo, que mi suplica es atendida… ¡que existes, oh señor!

Mitiga mis penas, anula mi conciencia de vivir, que no me deja vivir. Alivia mi congoja, líbrame de la razón, de la lógica; para no concluir que no existes, para comprender que eres más, que un pobre consuelo a nuestra triste e irremediable ignorancia.

***

y mi súplica fue atendida...



lunes, 17 de agosto de 2009

Las USB de la vida


Las USB de la vida

Podemos observar que en sistemas informáticos, la información es soportada por medio de ciertos dispositivos, un disco duro, una memoria USB por ejemplo. Pero entonces me surge una pregunta, ¿Qué es la información?

En el caso del ser humano, aparentemente somos nosotros mismos unos grandes conductores de información genética. Se ha ido descubriendo que nuestro propio ADN es un gran canal de almacenamiento de información, específicamente de la fórmula para la vida humana, nuestro manual de fabricación. A cada generación sin darnos cuenta, vamos puliendo aquella información a través de la evolución, a través del tiempo; una evolución tendiente hacia la perfección de la vida, hacia la solución de problemas que amenazan la existencia de la raza. Y así como nosotros, todas las formas vivientes se encuentran afanadas en esta carrera evolutiva.

Mi metáfora nos dejaría postulados como unas memorias USB vivientes, almacenando una información que poco a poco respecto a nuestro entorno y a nuestras circunstancias vitales, se va modificando para seguir haciéndonos viables. Para poder seguir existiendo sobre la faz de este planeta.



por El Argonauta.