lunes, 28 de diciembre de 2009

Dia tras dia... (Wisława Szymborska)

el dia de ayer leía la editorial de la revista arcadia *, y me he topado con esta bella sorpresa, aca se las comparto:



Wyslava Zsymborska
poetisa polaca,
premio nóbel de literatura año 1996:



Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.






magnífica no les parece?



* http://www.revistaarcadia.com/ediciones/51/editorial.html

martes, 15 de diciembre de 2009

Fernando Pessoa. Un poeta argonáutico!




Pessoa, traduce al castellano "persona".

¿una persona?,  no,  Fernando Pessoa era muchos y uno solo, era miles dentro de sí, no obstante un solo cuerpo. Resuenan en mis oidos aun aquellas palabras de Hesse en su lobo estepario, "hay personas que son como las cebollas, miles de capas unas tras otras hasta llegar a un improbable e imposible corazón".

Pessoa utilizó muchos seudónimos (que el llamaría heterónimos), pero lo relevante del caso es que a pesar de mostrarse a través de los lentes de muchos sujetos, cada uno de ellos era un desdoblamiento de sí mismo, era una persona diferente. Así entonces muchos han optado por afirmar que mas que seudónimos, nos encontramos ante la revelacion de varías personas dentro del mismo hombre.

Un hombre que ama lo natural, que ve en la creación su dios, que escribe paradojas y temores profundos, que comparte esa inagotable duda existencial eterna de una forma tan particular que es imposible no escucharle; un poeta que no tuvo mayores pretensiones, por ende fue exitoso, es el poeta nacional de portugal y un maestro para la historia. Ese era Fernando Pessoa, no por poco es mi poeta favorito.


les dejo en compañia de nuestro Pessoa, el poeta de la naturaleza, un poeta mayor.





* * *

Nada queda de nada. Nada somos.
Un poco al sol y al aire retrasamos
La irrespirable tiniebla en que nos pese
La humilde tierra impuesta,
Cadáveres aplazados que procrean.

Leyes hechas, estatuas vistas, odas acabadas:
Todo tiene hoyo propio. Si nosotros, carnes
A las que un sol íntimo da sangre, tenemos
Ocaso, ¿por qué no ellas?
Somos cuentos contando cuentos, nada.


(Ricardo Reis. Odas. Fernando Pessoa. En: Fernando Pessoa. Poesía. Traducción de José Antonio Llardent. Madrid: Alianza Tres, 1989)

***

No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
¿Qué he de hacer con las cosas
que puede cualquier mano coger?

Sólo quiero la noche si la aurora
la diluye en azul y rosicler.
Lo que mi alma ignora
es lo que quiere poseer.


***

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.



*

Tabaquería  

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.


* *





(de:http://www.psicofxp.com/forums/literatura.62/488630-fernando-pessoa.html)

FERNANDO PESSOA

«Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía no hay nada más sencillo. Tiene sólo dos fechas la de mi nacimiento y la de mi muerte. Entre una y otra todos los días son míos.»
Alberto Caeiro (heterónimo de Fernando Pessoa)
 

Fernando Antonio Nogueira Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1888. Perdió a su padre a los cinco años de edad víctima de la tuberculosis y su madre volvió a casarse con el cónsul portugués en Durban, Sudáfrica, donde Pessoa recibe una educación británica, hecho que tuvo bastante importancia durante su juventud, pues sus primeros textos, traducciones y estudios los hizo en inglés. Lee a Shakespeare, Edgar Allan Poe, John Milton, Lord Byron, John Keats, Percy Shelley y Alfred Tennyson, entre otros.

En 1903 se presenta a las pruebas de ingreso para la Universidad del Cabo de Buena Esperanza y a pesar de no obtener muy buenas calificaciones, obtiene la mejor entre 899 candidatos en el ensayo de estilo inglés. Gracias a esto, recibe el Premio Reina Victoria (Queen Victoria Memorial Prize). Escribe poesía y prosa en inglés, surgen los heterónimos Charles Robert Anon y H. M. F. Lecher y publica en el periódico del Liceo un ensayo crítico intitulado Macaulay. Finalmente termina sus estudios en Sudáfrica tras realizar en la universidad el Intermediate Examination in Arts.

En 1905 regresa definitivamente a la capital portuguesa dejando a su familia en Durban y consigue trabajar como correspondiente de comercio en Lisboa gracias a sus conocimientos de inglés, además de traducir trabajos de poetas ingleses como El Cuervo y Annabel Lee de Egar Allan Poe. Un año después se matricula en el curso superior de letras, actual Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa, que abandona luego de una huelga estudiantil sin haber terminado el primer año. Es en esta época donde entra en contacto con importantes escritores de la literatura portuguesa como Cesário Verde y se convierte en un constante divulgador de la lengua portuguesa: “mi patria es la lengua portuguesa” Bernardo Soares, otro de sus tantos heterónimos.

Luego del fallecimiento de su abuela, Pessoa recibe una pequeña herencia con la que decide montar una pequeña imprenta bajo el nombre Empresa Íbis –Tipografía Editora- Oficinas a Vapor que quiebra rápidamente. A partir de 1908 trabajará durante toda su vida como traductor de correspondencia comercial e inicia su actividad de ensayista y crítico literario con la publicación, en 1912 en la revista A Águia, sus estudios sobre poesía portuguesa, allí nacen sus heterónimos. En febrero de 1914, la revista A Renascença publica sus poemas por primera vez. En marzo de ese año escribe la Ode Triunfal. En 1915, aparece el primer número de la revista Orpheu, que ganaría renombre por nuclear a los artistas más avanzados de la época. En 1917, la revista Portugal Futurista publica Ultimátum de Álvaro de Campos (uno de sus heterónimos), manifiesto sensacionalista. En 1918, Pessoa publica los folletos de poesía inglesa Antinous y 35 Sonnets, y en 1921 English Poems I-II y English Poems III-IV. En 1922, aparece Contemporánea, revista de la cual será asiduo colaborador, y en octubre de 1924, el primer número de Athena, en cuya dirección participó. En 1927, el tercer número de Presença publica el estudio de José Régio, Da Geraçao Modernista, primera manifestación crítica de la nueva generación favorable a la obra de Pessoa, quien comienza a colaborar regularmente en esta revista. Además, incia para ella la compilación de las Obras Completas de Sá-Carneiro, que se había suicidado en París. En 1928 publica el folleto Interregno, apología irónica de la dictadura militar. Más tarde, hacia 1934, e influido por la admiración de los jóvenes, Pessoa comienza a pensar seriamente en ordenar sus papeles para publicar su obra. Así, el 31 de diciembre de ese año, sale de imprenta su libro Mensagem, el único en portugués que publicaría en vida y que obtiene el segundo premio (!) en un concurso literario de carácter patriótico.

Minado por el alcohol Pessoa es internado el 28 de noviembre de 1935, con un cólico hepático, en el Hospital de San Luis, en Lisboa, donde muere dos días después a los 47 años de edad. No dejó descendientes, bienes ni testamento. No se casó; nunca tuvo casa propia ni diploma alguno. No tuvo filiación política o religiosa. Su certificado de defunción dice “escritor”, vocación a la que se dedicó de manera radical y excluyente. El redescubrimiento actual de Pessoa semeja al de Franz Kafka en los años cincuenta. Ambos dejaron una vasta obra inédita que se conoció en forma póstuma. Sólo en 1942, y bajo la dirección de Luiz de Montalvor y Joao Gaspar Simoes, se inicia la edición de sus Obras Completas.

Pessoa fue uno de los mayores creadores de heterónimos por excelencia, esa fue su principal característica y el principal interés de su personalidad. Algunos críticos se preguntan sin Pessoa realmente habría revelado su verdadero yo, o si en realidad no habría sido todo producto de su vasta creación. En su poema “Navegar é Preciso” dice «vivir no es necesario, lo que es necesario es crear». Ese enigma es el que motiva buena parte de las investigaciones de su obra.
Fernando Pessoa es sin duda alguna el poeta portugués más importante del siglo XX. Octavio Paz, poeta y Nobel mexicano de Literatura dijo: «los poetas no tienen biografía; su obra es una biografía» y en el caso de Pessoa «nada en su vida es sorprendente, nada excepto sus poemas». Y el crítico literario estadounidense Harold Bloom lo consideró el poeta más representativo del siglo XX junto al chileno Pablo Neruda.

OBRA POÉTICA


«El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que llega a fingir que es dolor, el dolor que de veras siente» Bernardo Soares/Fernando Pessoa.

Pessoa encauzó una profunda reflexión sobre la relación entre verdad, existencia e identidad. Este último factor tiene una gran importancia en la famosa naturaleza misteriosa del poeta: «Con una falta tal de gente con la que coexistir como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?»

La de Fernando Pessoa no es, evidentemente, lo que suele denominarse una personalidad fácil. Y tampoco lo es, en el sentido más riguroso del término, su poesía. Pero de la gran cantidad de temas que han llevado a numerosos críticos y ensayistas a sentirse en la obligación de ocuparse de él, uno hay que suele considerarse como fundamental y extraordinario: los heterónimos. Porque Fernando Pessoa no sólo se negó a construir una «obra» o a alimentar la vacuidad de un «nombre». El suyo es el de cuatro poetas, además de claramente diferenciables, plenamente valederos. Dice Pessoa en su ya famosa Carta sobre la Génesis de los Heterónimos: «No podrá decirse que son anónimas o seudónimas, pues en realidad no lo son. La obra seudónima es la del autor en su personalidad, salvo en el nombre con que firma; la heterónimo es del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos de cualquier personaje de cualquier drama suyo (…) Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, investida de la música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no debo ni a mí ni a la vida (…) Las obras de estos tres poetas forman, como se dice, un conjunto dramático; y se halla debidamente estudiada la interacción intelectual de las personalidades así como sus propias relaciones personales. Todo esto constará en biografías próximas, acompañadas, cuando se publiquen, de horóscopos y tal vez de fotografías. Es un drama en gente en vez de ser en actos. (Si estas tres individualidades son más o menos reales que Fernando Pessoa, es un problema metafísico que éste, ausente del secreto de los dioses, e ignorado por lo tanto qué es realidad, nunca podrá resolver.)»

Los heterónimos, a diferencia de los seudónimos son personalidades poéticas completas: identidades que en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original. Entre los heterónimos, el mismo Pessoa pasó a ser llamado ortónimo, ya que era la personalidad original. Con el tiempo, y con la maduración de las demás personalidades, el propio ortónimo se convirtió en un heterónimo más. Los tres heterónimos más conocidos (y también aquellos con mayor obra poética) fueron:
Álvaro de Campos, el único en manifestar fases poéticas diferentes a lo largo de su obra. Era un ingeniero de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.
Ricardo Reis, definido como latinista y monárquico. Simboliza la herencia clásica en la literatura occidental expresada en la simetría, armonía y bucolismo con elementos epicúreos y estoicos. Según Fernando Pessoa, Reis se trasladó a Brasil en protesta por la proclamación de la República en Portugal y no se sabe el año de su muerte. Por esta razón el escritor y premio Nobel portugués José Saramago pudo escribir su novela O ano da morte de Ricardo Reis (El año de la muerte de Ricardo Reis).
Alberto Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino sin estudios formales, pero es considerado el maestro de los heterónimos. Muertos su padre y su madre, quedó en casa de su tía-abuela viviendo de una renta modesta. Murió de tuberculosis. También es conocido como el poeta-filósofo aunque él rechazaba ese título. Creía que los seres simplemente son y nada más.
De los principales heterónimos de Pessoa, Caeiro fue el único que no escribió en prosa, pues decía que sólo la poesía era capaz de dar cuenta de la realidad. «Hay suficiente metafísica en no pensar nada».
Un cuarto heterónimo de gran importancia en la obra de Pessoa fue Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego), una importante obra literaria del siglo XX. Bernardo es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad tan característica.



CURIOSIDADES

El 30 de marzo de 1935, Fernando Pessoa dejó escrita una nota biográfica. Siendo el texto de autoría del propio escritor, debe notarse que constituye una biografía bastante subjetiva e incompleta, hecha de acuerdo con los deseos e interpretaciones de él mismo en ese momento de su vida: (de todos los datos, agrego aquí los que me parecieron más interesantes)

Nombre completo: Fernando António Nogueira Pessoa.
Edad y origen: Nació en Lisboa, parroquia de los mártires el 13 de junio de 1888.
Estado: Soltero.
Profesión: El nombre correcto sería «traductor», pero es más exacto el de «corresponsal extranjero de casas comerciales». El ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación.
Funciones sociales que ha desempeñado: Si por eso se entiende cargos públicos o funciones destacadas, ninguna.
Obras que ha publicado: La obra está esencialmente dispersa, por varias revistas y publicaciones ocasionales. Lo que, de libros o folletos, considera como válido, es lo siguiente: «35 Sonnets» (en inglés), «English Poems I-II» y «English Poems III» (en inglés también), y el libro «Mensagem» premiado por el Secretariado de Propaganda Nacional, en la categoría Poema. El polleto «O Interregno» publicado en 1928, constituyendo una defensa de la Dictadura Militar en Portugal, debe ser considerado como no existente. Habría que revisar todo eso y tal vez repudiar mucho.
Ideología política: Considera que el sistema monárquico sería el más propio para una nación orgánicamente imperial como es Portugal. Considera, al mismo tiempo, la monarquía completamente inviable en Portugal. Por eso, de haber un plebiscito entre regímenes, votaría, si bien con pena, por la república. Conservador de estilo inglés, esto es, libertad dentro del conservadurismo y absolutamente anti-reaccionario.
Posición religiosa: cristiano gnóstico y por tanto enteramente opuesto a todas las Iglesias organizadas, y sobre todo a la Iglesia de Roma. Fiel, por motivos que más adelante están implícitos, a la Tradición Secreta del Cristianismo, que tiene íntimas relaciones con la Tradición Secreta en Israel (la Santa Kabbalah) y con la esencia oculta de la masonería.
Posición iniciática: Iniciado, por comunicación directa de Maestro a Discípulo, en los tres grados menores de la (aparentemente extinta) Orden Templaria de Portugal.
Posición patriótica: Partidario de un nacionalismo místico, del que sea abolida toda la infiltración católico-romana, creándose, si es posible, un sebastianismo nuevo, que la substituya espiritualmente, si es que en el catolicismo portugués hubo alguna vez espiritualidad. Nacionalista que se guía por este lema: «Todo por la humanidad, nada contra la nación».
Posición social: Anticomunista y antisocialista. Lo demás se deduce de lo expuesto arriba.
Resumen de estas últimas consideraciones: Tener siempre en la memoria al mártir Jacques de Molay, Grado-Maestre de los Templarios, y combatir, siempre y en todo lugar, a los tres asesinos: la Ignorancia, el Fanatismo y la Tiranía.

SUS OBRAS

Entre los textos inéditos hallados en el célebre baúl del escritor portugués figuran:
Libro del desasosiego
La hora del diablo
Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad
La educación del estoico
El banquero anarquista
Mensaje
Ficciones de interludio
Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal.

ALGUNOS POEMAS
Fernando Pessoa

Lejos, bajo la luna,
En el río una vela
Serena pasa,
¿Qué es lo que me revela?

No sé, pero mi ser
Extraño se me hizo,
Y sueño sin ver
Mis propios sueños.

¿Qué angustia me ata?
¿Qué amor no se explica?
Es la vela que pasa
En la noche que queda.


¡Duerme, vivir es nada!
¡Duerme, es en vano todo!
Si alguien halló el camino,
Lo halló en la confusión,
Con el alma engañada.

No hay lugar ni día
Para quien quiere hallar,
Ni paz ni alegría
Para quien, por amar,
En quien ama, confía.

Mejor donde las ramas
Sin ser tejen doseles
Quedar como quedamos,
Sin pensar ni querer,
Dando lo que no damos.


¿Dicen?
Olvidan.
¿No dicen?
Dijeron.

¿Hacen?
Fatal.
¿No hacen?
Igual.

¿Por qué
esperar?
Todo es
Soñar.


Álvaro de Campos

Todas las cartas de amor son
Ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
Ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
Como las otras,
Ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
Tienen que ser
Ridículas.

Pero, al fin,
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.

Quién me diera en el tiempo en que escribía
Sin darme cuenta
Cartas de amor
Ridículas.

La verdad es que hoy
Mis recuerdos
De esas cartas
Son
Ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículos.)


Pero yo, en cuya alma se reflejan
Las fuerzas todas del universo,
En cuya reflexión emotiva y sacudida
Minuto a minuto, emoción a emoción,
Cosas antagónicas y absurdas se suceden:
Yo el foco inútil de todas las realidades,
Yo el fantasma nacido de todas las sensaciones,
Yo el abstracto, yo el proyectado en la pantalla,
Yo la mujer legítima y triste del Conjunto,
Yo sufro ser yo a través de todo esto como tener sed pero no de agua.


Alberto Caeiro

Es tal vez el último día de mi vida.
Saludé al sol, levantando la mano derecha,
Pero no lo saludé diciéndole adiós,
Hice señal de gustarme haberlo visto: nada más.

Ricardo Reis

Quiere poco: tendrás todo.
Nada quieras: serás libre.
El mismo amor que nos tengan
Al querernos, nos oprime.



No la que das, la flor que eres, quiero.
Porque me niegas lo que no te pido.
Tiempo hay para negar
Tras haber dado.
¡Flor, séme flor! Si te tomara avara
en mano infausta esfinge, tú, perenne
sombra, errarás absurda
buscando lo no dado.











por: el argonauta

jueves, 10 de diciembre de 2009

Argo- Video - Vancouver Film School





siguiendo con la serie de videos de la escuela de artes filmicas de Vancouver, les presento a "The story tree", un trabajo audiovisual muy hermoso, con trama sumamente delicada que evoca inspiración. recomendado altamente, espero lo disfruten.




video


por: el argonauta