(*) ensayo para participación en el corcurso de ensayo literario Universidad del norte 2009.
Al aparente azar de los recuerdos he querido remitir la difícil tarea de seleccionar cinco libros.
Cinco libros que merezcan ser descritos y de los que debo hablar; sobre ellos y de las razones por las cuales estimo su relevancia.
He sometido esta compleja selección a un golpe de dados, a una mano de póquer, al criterio “fácil” e impersonal de la memoria preguntándome en un diálogo imaginario, ¿Cuáles son los cinco primeros libros que acuden a mi mente en este preciso instante?
¿Acaso resulta el anterior, un criterio selectivo demasiado frívolo?: Probablemente, sin embargo en lugar de intentar desesperadamente impresionar a un jurado con algún elaborado criterio digno de nobel, he querido apelar al aparente azar de “lo primero que se venga a la mente” para elegir las obras de mi modesta lista de libros. Pareciera aquella una pregunta casi trivial sino alegara antes en mi defensa, que a lo primero que recurre nuestra memoria ante preguntas de este tipo, no es necesariamente a lo más elemental; sino precisamente a aquello que de una u otra forma ha dejado en nosotros una impresión imborrable. ¿Qué mejor criterio de selección entonces?
La primera obra elegida, fue Historia de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. Al lector incauto esta obra no produciría mas efecto que una simpática impresión del autor. Sin embargo, ante una más atenta lectura de estos relatos, podremos descubrir una singular filosofía de vida, oculta entre aquellas líneas; podremos apreciar un sutil y sumamente inteligente sentido del humor, y una muy elaborada atmósfera de inocencia casi infantil lograda con maestría por este autor.
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. (…) te regalan – no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu mano con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca”.
Nótese la genial descripción que de algo tan corriente, como el obsequiar un reloj, realiza tan creativamente el autor.
“un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”.
Gracias a esta maravillosa obra, he aprendido que la vida vista desde la óptica de lo infantil, de lo pequeño, puede resultar más grata y más tolerable. Aprendí también a darle más valor a los detalles, a admirarme con elementos de la cotidianidad que normalmente nos pasan desapercibidos, como disfrutar del mar de flores que nos obsequia la primavera de mi ciudad, ¿te has detenido a observar la belleza y majestuosidad de un roble morado, florecido en la primavera barranquillera?, se derrama entre febrero y marzo, en una magnífica explosión de color, de formas y aromas.
He aprendido también con mi amigo Cortázar, a encontrar en episodios de nuestra vida común y corriente; como un subir de escaleras, o el darle cuerda a un reloj; un tema de reflexión, una historia para escribir.
A Cortázar le debo el no haber perdido la capacidad de asombro por fenómenos y cosas aparentemente nimias del vivir, mas aun en un mundo que es entendido inversamente proporcional conforme avanza.
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Es este, el Coronel Aureliano Buendía, uno de los principales personajes (¿debería decir protagonista?) de Cien años de soledad, la obra más excelsa que se haya escrito en lengua castellana desde el mismísimo Quijote de Cervantes. Y esta introducción, (de las más aplaudidas de la literatura universal, junto a las de Nabokov, Poe y Hemingway), marca la puerta de entrada a esta obra total, que es el Alfa y el Omega de Macondo.
Esta obra constituye el segundo libro de mi lista. Podría extender dispendiosamente la descripción de mi experiencia con esta obra, sin embargo podría resumirla diciendo que “Gracias a García Márquez, conseguí identificarme y enorgullecerme de ser un hombre Caribe”.
“Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído (…) pero no pudieron despertarlo. (...) cuando el carpintero tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una lluvia de minúsculas flores amarillas”.
Con este poético episodio se despide la providencia del que fuera el dios y fundador de esa extraña población; el famoso deicidio de “Gabo”.
La vasta obra de García Márquez, es el más bello homenaje que se la haya podido rendir a la llamada Nación Caribe. La lectura de Cien años de soledad resulta tan amena, tan fresca, que pareciera estar siendo contada oralmente. Me resulta tan incluyente, que casi me siento dibujado al interior de los remotos paisajes macondianos.
Puedo ver a mi abuela Mamá Chave, la matriarca, dando órdenes por doquier en su pequeño imperio doméstico como si se tratase de mi propia Úrsula Iguarán. Puedo ver en aquellos paisajes, a mi imperecedero abuelo Pacho regresando del monte sobre el lomo de su infatigable burro. Recuerdo aquellas ancestrales tierras, las patillas, los tamarindos, el café hecho en esas viejas ollitas perpetuamente ennegrecidas por el tizne del fogón de leña. Puedo ver también a mis tías, solteras ya de por vida, ocupadísimas en los demasiados quehaceres de aquella, mi casa grande.
Debo escoger ahora con sumo cuidado las palabras que emplearé para hablar sobre una obra tan compleja como es El lobo Estepario, de Herman Hesse, que es el tercer libro de mi lista. Me hubiera resultado imposible omitir en mi evocación literaria, una obra tan inherente a mis propias experiencias, a mi propia filosofía, como esta del premio nobel de 1946.
“el hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de formulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas.”
La eterna pugna interna entre los yo que hacen parte de un mismo ser, complementándose entre sí como los lados de un cubo.
Desde la biblia, pasando por Parménides hasta Freud, y desde Wilde hasta Poe. Ha sido tratado profundamente el asunto de la multiplicidad del ser. Sin embargo, me atrevo a afirmar que ha sido Hesse, quien ha abarcado de la forma más perfecta, un tema tan arduo para el pensar.
Un hombre no es solo uno. “un hombre”, es una multiplicidad de entes que en conjunto reflejan lo que apreciamos como unidad.
Esa unidad del ser, que de forma tan obtusa percibimos, no obedece más que a nuestra pobre concepción del cuerpo humano como unidad no como conjunto. Nuestro propio organismo no es una unidad, sino un pequeño universo de vida, de microorganismos conviviendo entre sí en el más perfecto caos.
Ahora, si emprendemos vuelo hacia pensamientos más elevados, debemos cuestionarnos ¿Cómo, cuándo ni siquiera nuestro cuerpo es una unidad, ha de serlo tampoco nuestro espíritu o nuestra alma?
“y es que claro, el pecho, el cuerpo, no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos”
Fernando Pessoa es el poeta nacional de Portugal, mi poeta favorito, y su obra, resumida en la antología poética El poeta es un fingidor, es el cuarto libro de mi lista.
El poeta es un fingidor,
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.(…)
Sus versos son como agua fresca para el espíritu, sus poemas me han facilitado el análisis de ciertos aspectos de mi espiritualidad bajo nuevas luces.
“Algunos tienen – y es sufrir – la duda:
¿Hay dios o no? ¿Existe el alma o no?
Mas yo no dudo: ignoro. Y si el horror
De dudar es tan grande, el de ignorar
Ni entre los pensamientos tiene nombre”
He hallado en este artista, un compañero en la duda, un amigo en la oscuridad de la ignorancia.
“(¿qué más se yo de dios, que dios de sí mismo?)
Le obedezco viviendo, espontáneamente,
Como quien abre los ojos y ve,
Y le llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes,
Y le amo sin pensar en él,
Y le pienso viendo y oyendo
Y ando con él a todas horas”
Concebir a dios, no como Dios, sino como “el todo”, el aire, las aves, las flores, la naturaleza.
La vida profunda de Barba Jacob, y Rubén Darío que escribió esto:
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…
Y ¡sí que pesa el vivir!
Vivir en la ignorancia de la propia existencia, no es bueno ni malo, simplemente es dormir, decía Pessoa “Mas ahora estoy durmiendo… porque es sueño el no saber”
Sin embargo, tan inocua es aquella ignorancia, como terrible la consciencia del existir, esta que Rubén Darío llamara “vida consciente”.
“Sólo son la ignorancia y la inocencia
Felices, más lo ignoran. ¿Son o no?
¿Qué es, sin saberlo, ser? Ser, cual la piedra
Un lugar nada más”.
¿Que nos da el vivir pensante, más que dudas y la triste consciencia de la más absoluta ignorancia?
Si Pessoa me brindó nuevas luces para observar mi espiritualidad, Quevedo, ese gran maestro del vivir, me enseñó a valorar constantemente la vida, a apreciar la irrelevancia de tantas cosas tan erróneamente valoradas de la existencia, como la riqueza y la gloria. Me enseñó Quevedo una nueva dimensión del amor, ese amor constante más allá de la muerte.
(…) ¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza,
en esta vida frágil y liviana?,
las dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza (…)
La vida en sí misma es ilógica. La razón del “ser”, se escapa a nuestros muy limitados razonamientos. Siempre son lo que se siente, y lo que se vive, aunque pasen desapercibidos en el devenir de nuestras vidas, las cosas que al llegar el blanco día tendremos en cuenta para hacer nuestro balance final, un balance que muchas veces (caso Iván Illich), nos arroja a la cara, un triste saldo en rojo.
Desde que nacemos empezamos a morir un poco, es como si naciéramos con un reloj en conteo regresivo incrustado en el pecho. La vida, es la misma muerte, pero en cuenta regresiva.
Entonces: ¿Qué otra cosa vale más la pena del vivir, que el amor?
“Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.”
Por:
El Argonauta.
jueves, 11 de marzo de 2010
La hipocresía de la sociedad occidental.
Nuestra sociedad funciona de este modo:
En términos generales se cree en Dios, en Jesucristo, y en la biblia como la palabra de Dios. Es un hecho aceptado. Luego entonces lo ateo o lo agnóstico, no vende, es rechazado, marginado a la mejor forma inquisitorial. Pero también es claro que no se es consecuente con lo que se cree.
Observemos. Vivimos en la sociedad occidental, abanderada de la libertad, el libre pensamiento, el racionalismo, los derechos humanos y del Dios de Abraham y Moisés. No obstante todos estos arquetipos en los que se ha fundamentado esta extraña civilización son abandonados por esta misma en el plano de lo fáctico. Las naciones occidentales en nombre de causas tan etéreas como la libertad, o como la defensa de los derechos humanos, han cometido los crímenes más horrendos de la historia de la humanidad. Y no hablemos de Dios. Cuyo nombre ha sido históricamente manipulado para justificar otras de las peores infamias de nuestra avanzada cultura.
Entonces, creemos en Dios o no?
Por eso el nombre de este ensayo. Hipocresía. Se cree, pero no se aplica, se predica pero no se está del todo convencido. Se quiere vivir bajo parámetros auto impuestos, a pesar de abandonar los preceptos que implican el hecho de creer en Dios. En Colombia por ejemplo, es muy políticamente correcto creer en Dios. Pero los cristianos evangélicos, son mirados con desconfianza. Es cultural e intelectualmente heroico no creer en Dios, sin embargo, en el fondo aun persiste la duda sobre no creer. En Colombia se es políticamente correcto al ser católico. Pero en Estados Unidos por ejemplo, lo es más el ser protestante.
Yo creo que es necesario hacer un examen crítico y serio de la forma en que estamos llevando nuestra espiritualidad, tal vez estemos incurriendo en la más terrible inconsecuencia.
jueves, 4 de febrero de 2010
Ocurrió así (Cuento por Alan Corvis)
Ocurrió así
Ahí estaba yo. Al pie del cuadrilátero viendo como le propinaban una soberana paliza a quien había apostado yo más de tres años de mis ahorros. Moría de desesperación; creo, me había comido ya más de cinco uñas enteras mientras “Mano de piedra” Gonzales mataba a golpes a mi peleador.
Yo veía entre cada punch y cada gancho a la quijada, irse tristemente a chorros mi dinero. El knockout era inminente ya, y yo desesperado lloraba mi increíble mala fortuna, ¿Pero cómo era posible que se quedara así? Sin levantar los brazos por lo menos, ¡es que parecía muerto en vida el pelmazo. Yo no pude soportar más aquella situación. y lo que logro recordar ahora de aquel momento, es que unos segundos después, cuando finalmente logré reaccionar de entre una extraña bruma mental, me vi dentro del ring noqueando con mis propios puños al mano de piedra Gonzales que se protegía infructuosamente ante aquel súbito ataque mientras un racimo de gigantescos guardias llovían raudos sobre mí tratando desesperadamente neutralizarme. Ahora le pregunto señor municipal: ¿qué más podía yo hacer?, ¿dejar que el gran hijo de puta se llevara mi dinero?
LOS MIEDOS DE AURELIO
Los Miedos De Aurelio
Aurelio.
El partido sólo llevaba 12 minutos y en esa taberna del centro de la ciudad un grupo de trasnochadores alcohólicos disfrazados de hinchas se comían las uñas al ver que su equipo ya perdía un gol por cero. Con Los tiburones siempre se sufría y como en el amor, Aurelio estaba acostumbrado a sufrir. Su caso era el del amante que no concebía la pasión sin algo de dolor, tristeza y desengaño.
La había conocido por casualidad en un bar ochentero; comenzaron a dialogar sobre el clima para romper el hielo, luego sobre filosofía, el primer amor de María Juana, el maravilloso sabor y efecto de varios “cuba libre”, hasta terminar empañando los vidrios y humedeciendo la cojinería de un carro prestado.
Terminó el primer tiempo y el partido persistía con igual marcador. Todos fumaban y bebían como locos, el dueño del establecimiento, un árabe con camisa floreada, hizo sonar salsa de “Lavoe” buscando suavizar el ambiente que empezaba a tornarse tenso. Aurelio no se inmutaba ni emitía palabra, a diferencia de sus amigos que no paraban de hablar aparentemente eufóricos. Por su cabeza circulaban tres grandes miedos: Que perdieran la final los tiburones y así mismo el enervado amor de María Juana. El otro siempre había estado ahí: La aparición repentina de la muerte.
Durante las primeras semanas la pasión entre ambos fue inagotable, casi no hablaban, se hacían entender a través de caricias, deshidratadores besos, miradas cómplices y sexo en todas las formas, en la mañana, al medio día, en el cajero automático, en el baño de un restaurante, en el piso de la cocina y por supuesto en la playa. Fumaban, bebían y cantaban canciones de” Jarabe De Palo”. Hasta ahí no había ocurrido una sola discusión. Empero, interiormente el temor de Aurelio aumentaba esperando el golpe certero y al corazón, que provoca la desilusión de un enamoramiento en agonía.
Necesitaban empatar para quedar campeones. Los amigos de Aurelio anhelaban el triunfo para amanecer borrachos, esta vez con una muy buena excusa. Sólo faltaban cinco minutos y la esperanza se agotaba como esa media de aguardiente. Aurelio continuaba inmóvil como una momia, con los brazos cruzados, preguntándose por el devenir de su relación soñada, apretando el culo con cada jugada de peligro que su equipo del alma generaba.
Una noche de confesiones revelaron uno al otro su pasado sexual, Aurelio exageró un poco y quizás María Juana también, sobre todo cuando ella le contó que en quinto semestre, borracha hasta el cogote, había hecho un trió con dos amigos. Aurelio fingió no impresionarse, aunque por dentro un hormigueo de machismo genético le carcomía el orgullo. Terminó contándole que él también lo había hecho, pero omitiendo del relato que había sido con dos prostitutas que terminaron atracándolo cuando se durmió.
Sonó el pitazo final y nunca se logró empatar. El rótulo de subcampeón o perdedor, que es lo mismo, pesaba sobre las espaldas de los tiburones. Una discusión se armó en ese cuchitril del centro, las botellas comenzaron a reventarse contra las paredes; Una se estrelló contra la cabeza de Aurelio dejándolo inconsciente y la sangre le cubrió el rostro. Horas más tarde despertó en una clínica, había soñado con María Juana. Estaban en la playa disfrutando del atardecer al calor de una botella de vino. Una enfermera le alumbró los ojos con una pequeña linterna. Una voz conocida le susurró al oído, era María Juana diciéndole: Vamos para mi casa tiburón.
Aurelio.
LUNA DESAFORADA
Luna Desaforada
“Para mi bella María Juana”
“Para mi bella María Juana”
Esas noches su sueño era inquieto, hablaba dormida, balbuceaba inentendibles palabras que a veces se convertían en frases enteras. Se movía de un lado para otro como una hormiguita en un tarro de azúcar, inquieta, acorralada por la gula de aquí para allá, temerosa de permanecer por el resto de sus días en una jaula de porcelana colmada de placer, condenada a tener para siempre como única compañía una cucharita de plata que entra y sale, a veces untada de café o té; mañana, tarde y noche. Mientras el sueño de Morfeo se hacía más punzante la observaba entre pestañas, parecía tranquila, como cuando bailaba en esas fiestas de la playa, sin zapatos, sintiendo la arena entre sus dedos, escondida a través de sus lentes oscuros, con esa cara de satisfacción que pocos habían visto o al menos valorado, moviendo las caderas lujuriosamente, alborotando hombros y pechos, provocando a los pescadores que se alistaban para tirar las redes que necesitaban llenas. Saboreando cada milímetro del humo dulce y risueño, besándome. Tomando de ese ron añejo con una araña que escalaba hasta la punta misma de la gloria, saboreándose ante cada bocado de la vida. Invitando a una ronda de cumbia y tambo’, incitando a la flauta de millo. Sudada, hermosa. Al otro día despertó alterada, algo triste, mientras contaba el mal sueño de la noche anterior, la causa del enojo inconsciente, de la movilidad continúa e intensa, las frases cuyo idioma parecían arameo antiguo. Se arrimaba a mi pecho buscando una caricia que yo le daba presto y ansioso, esperando escuchar las causas de la fragilidad inconsciente. Quizás un mal momento de la infancia acompañado de violencia, el temor ante una hecatombe nuclear, un acceso carnal indeseado, la frustración por cualquier cosa, una comida pesada antes de dormir, la botella de vino acabada, una mascota que nunca más regreso. Finalmente volvía a dormirse. Esta vez tranquila, imperturbable como la mar después de la lluvia. De noche habrá otra fiesta con fogata y cumbia, también porro y ron. Ella bailara hasta el cansancio con la arena colándose entre sus dedos y la briza rozando sus mejillas. Más tarde, cuando estemos desnudos en la cama nos revolcaremos hasta resbalarnos con nuestro sudor. Ella será mi ninfa y yo el Dios Pan que la persigue, calienta y observa, incluso en sueños y pesadillas.
Aurelio.
martes, 2 de febrero de 2010
Qué posee quien ama? (F. Pessoa - A. Caeiro)
Quien ama nunca sabe por qué ama
(por Fernando Pessoa)
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo.
Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender.
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la naturaleza
no es porque sepa lo que es
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…
Amor es la eterna inocencia
y la única inocencia es no pensar.
porque lo veo.
Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender.
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la naturaleza
no es porque sepa lo que es
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…
Amor es la eterna inocencia
y la única inocencia es no pensar.
A. Caeiro
sábado, 30 de enero de 2010
Te amo porque no eres mía (Poesía por: Allan Corvis)
Te amo porque no eres mía
Te amo porque no eres mía,
Te amo porque no eres mía,
porque no impero en tu cuerpo,
porque persistes a pesar de mí.
Porque decides ingenuamente
amarme a cada día
(sin ese interés egoista
del que espera
amor a cambio)
(sin ese interés egoista
del que espera
amor a cambio)
y aunque no te amara, sé,
que aun así tu me amarías.
Porque decides a cada día
desangrarte de tu tiempo
y en suspiros y en aliento
me obsequias tu compañía,
y porque no hay bondad más grande,
que despojarse
de lo que nunca ha de volver.
de lo que nunca ha de volver.
Porque me escuchas hablar
como serpiente a su encantador.
Porque me escuchas divagar
con mi cuerpo atado a tu mano
como un globo a su niño
y cuando me elevo demasiado
con un beso me recobras
embargándome de emoción
al saber
que jamás serás mas mía.
y cuando me elevo demasiado
con un beso me recobras
embargándome de emoción
al saber
que jamás serás mas mía.
Porque no poseo tu cuerpo,
y porque no decido en tí
y decidiste porque sí
desgajarte de amor la vida.
Porque soy vil por no ser humano,
pero tú, más que un ser humano
me haces un ser feliz,
no resta más que decir
que solo por ello te amo.
Corvis
lunes, 28 de diciembre de 2009
Dia tras dia... (Wisława Szymborska)
el dia de ayer leía la editorial de la revista arcadia *, y me he topado con esta bella sorpresa, aca se las comparto:
Wyslava Zsymborska
poetisa polaca,
premio nóbel de literatura año 1996:
Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
magnífica no les parece?
* http://www.revistaarcadia.com/ediciones/51/editorial.html
Wyslava Zsymborska
poetisa polaca,
premio nóbel de literatura año 1996:
Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
magnífica no les parece?
* http://www.revistaarcadia.com/ediciones/51/editorial.html
martes, 15 de diciembre de 2009
Fernando Pessoa. Un poeta argonáutico!
Pessoa, traduce al castellano "persona".
¿una persona?, no, Fernando Pessoa era muchos y uno solo, era miles dentro de sí, no obstante un solo cuerpo. Resuenan en mis oidos aun aquellas palabras de Hesse en su lobo estepario, "hay personas que son como las cebollas, miles de capas unas tras otras hasta llegar a un improbable e imposible corazón".
Pessoa utilizó muchos seudónimos (que el llamaría heterónimos), pero lo relevante del caso es que a pesar de mostrarse a través de los lentes de muchos sujetos, cada uno de ellos era un desdoblamiento de sí mismo, era una persona diferente. Así entonces muchos han optado por afirmar que mas que seudónimos, nos encontramos ante la revelacion de varías personas dentro del mismo hombre.
Un hombre que ama lo natural, que ve en la creación su dios, que escribe paradojas y temores profundos, que comparte esa inagotable duda existencial eterna de una forma tan particular que es imposible no escucharle; un poeta que no tuvo mayores pretensiones, por ende fue exitoso, es el poeta nacional de portugal y un maestro para la historia. Ese era Fernando Pessoa, no por poco es mi poeta favorito.
les dejo en compañia de nuestro Pessoa, el poeta de la naturaleza, un poeta mayor.
* * *
Nada queda de nada. Nada somos.
Un poco al sol y al aire retrasamos
La irrespirable tiniebla en que nos pese
La humilde tierra impuesta,
Cadáveres aplazados que procrean.
Leyes hechas, estatuas vistas, odas acabadas:
Todo tiene hoyo propio. Si nosotros, carnes
A las que un sol íntimo da sangre, tenemos
Ocaso, ¿por qué no ellas?
Somos cuentos contando cuentos, nada.
(Ricardo Reis. Odas. Fernando Pessoa. En: Fernando Pessoa. Poesía. Traducción de José Antonio Llardent. Madrid: Alianza Tres, 1989)
***
No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
¿Qué he de hacer con las cosas
que puede cualquier mano coger?
Sólo quiero la noche si la aurora
la diluye en azul y rosicler.
Lo que mi alma ignora
es lo que quiere poseer.
***
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo a la razón,
Y gira, el tren de juguete
Que se llama corazón.
*
Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.
Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)
Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.
He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.
Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.
Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.
El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.
*
* *

(de:http://www.psicofxp.com/forums/literatura.62/488630-fernando-pessoa.html)
FERNANDO PESSOA
«Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía no hay nada más sencillo. Tiene sólo dos fechas la de mi nacimiento y la de mi muerte. Entre una y otra todos los días son míos.»
Fernando Antonio Nogueira Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1888. Perdió a su padre a los cinco años de edad víctima de la tuberculosis y su madre volvió a casarse con el cónsul portugués en Durban, Sudáfrica, donde Pessoa recibe una educación británica, hecho que tuvo bastante importancia durante su juventud, pues sus primeros textos, traducciones y estudios los hizo en inglés. Lee a Shakespeare, Edgar Allan Poe, John Milton, Lord Byron, John Keats, Percy Shelley y Alfred Tennyson, entre otros.
En 1903 se presenta a las pruebas de ingreso para la Universidad del Cabo de Buena Esperanza y a pesar de no obtener muy buenas calificaciones, obtiene la mejor entre 899 candidatos en el ensayo de estilo inglés. Gracias a esto, recibe el Premio Reina Victoria (Queen Victoria Memorial Prize). Escribe poesía y prosa en inglés, surgen los heterónimos Charles Robert Anon y H. M. F. Lecher y publica en el periódico del Liceo un ensayo crítico intitulado Macaulay. Finalmente termina sus estudios en Sudáfrica tras realizar en la universidad el Intermediate Examination in Arts.
En 1905 regresa definitivamente a la capital portuguesa dejando a su familia en Durban y consigue trabajar como correspondiente de comercio en Lisboa gracias a sus conocimientos de inglés, además de traducir trabajos de poetas ingleses como El Cuervo y Annabel Lee de Egar Allan Poe. Un año después se matricula en el curso superior de letras, actual Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa, que abandona luego de una huelga estudiantil sin haber terminado el primer año. Es en esta época donde entra en contacto con importantes escritores de la literatura portuguesa como Cesário Verde y se convierte en un constante divulgador de la lengua portuguesa: “mi patria es la lengua portuguesa” Bernardo Soares, otro de sus tantos heterónimos.
Luego del fallecimiento de su abuela, Pessoa recibe una pequeña herencia con la que decide montar una pequeña imprenta bajo el nombre Empresa Íbis –Tipografía Editora- Oficinas a Vapor que quiebra rápidamente. A partir de 1908 trabajará durante toda su vida como traductor de correspondencia comercial e inicia su actividad de ensayista y crítico literario con la publicación, en 1912 en la revista A Águia, sus estudios sobre poesía portuguesa, allí nacen sus heterónimos. En febrero de 1914, la revista A Renascença publica sus poemas por primera vez. En marzo de ese año escribe la Ode Triunfal. En 1915, aparece el primer número de la revista Orpheu, que ganaría renombre por nuclear a los artistas más avanzados de la época. En 1917, la revista Portugal Futurista publica Ultimátum de Álvaro de Campos (uno de sus heterónimos), manifiesto sensacionalista. En 1918, Pessoa publica los folletos de poesía inglesa Antinous y 35 Sonnets, y en 1921 English Poems I-II y English Poems III-IV. En 1922, aparece Contemporánea, revista de la cual será asiduo colaborador, y en octubre de 1924, el primer número de Athena, en cuya dirección participó. En 1927, el tercer número de Presença publica el estudio de José Régio, Da Geraçao Modernista, primera manifestación crítica de la nueva generación favorable a la obra de Pessoa, quien comienza a colaborar regularmente en esta revista. Además, incia para ella la compilación de las Obras Completas de Sá-Carneiro, que se había suicidado en París. En 1928 publica el folleto Interregno, apología irónica de la dictadura militar. Más tarde, hacia 1934, e influido por la admiración de los jóvenes, Pessoa comienza a pensar seriamente en ordenar sus papeles para publicar su obra. Así, el 31 de diciembre de ese año, sale de imprenta su libro Mensagem, el único en portugués que publicaría en vida y que obtiene el segundo premio (!) en un concurso literario de carácter patriótico.
Minado por el alcohol Pessoa es internado el 28 de noviembre de 1935, con un cólico hepático, en el Hospital de San Luis, en Lisboa, donde muere dos días después a los 47 años de edad. No dejó descendientes, bienes ni testamento. No se casó; nunca tuvo casa propia ni diploma alguno. No tuvo filiación política o religiosa. Su certificado de defunción dice “escritor”, vocación a la que se dedicó de manera radical y excluyente. El redescubrimiento actual de Pessoa semeja al de Franz Kafka en los años cincuenta. Ambos dejaron una vasta obra inédita que se conoció en forma póstuma. Sólo en 1942, y bajo la dirección de Luiz de Montalvor y Joao Gaspar Simoes, se inicia la edición de sus Obras Completas.
Pessoa fue uno de los mayores creadores de heterónimos por excelencia, esa fue su principal característica y el principal interés de su personalidad. Algunos críticos se preguntan sin Pessoa realmente habría revelado su verdadero yo, o si en realidad no habría sido todo producto de su vasta creación. En su poema “Navegar é Preciso” dice «vivir no es necesario, lo que es necesario es crear». Ese enigma es el que motiva buena parte de las investigaciones de su obra.
Fernando Pessoa es sin duda alguna el poeta portugués más importante del siglo XX. Octavio Paz, poeta y Nobel mexicano de Literatura dijo: «los poetas no tienen biografía; su obra es una biografía» y en el caso de Pessoa «nada en su vida es sorprendente, nada excepto sus poemas». Y el crítico literario estadounidense Harold Bloom lo consideró el poeta más representativo del siglo XX junto al chileno Pablo Neruda.
OBRA POÉTICA
«El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que llega a fingir que es dolor, el dolor que de veras siente» Bernardo Soares/Fernando Pessoa.
Pessoa encauzó una profunda reflexión sobre la relación entre verdad, existencia e identidad. Este último factor tiene una gran importancia en la famosa naturaleza misteriosa del poeta: «Con una falta tal de gente con la que coexistir como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?»
La de Fernando Pessoa no es, evidentemente, lo que suele denominarse una personalidad fácil. Y tampoco lo es, en el sentido más riguroso del término, su poesía. Pero de la gran cantidad de temas que han llevado a numerosos críticos y ensayistas a sentirse en la obligación de ocuparse de él, uno hay que suele considerarse como fundamental y extraordinario: los heterónimos. Porque Fernando Pessoa no sólo se negó a construir una «obra» o a alimentar la vacuidad de un «nombre». El suyo es el de cuatro poetas, además de claramente diferenciables, plenamente valederos. Dice Pessoa en su ya famosa Carta sobre la Génesis de los Heterónimos: «No podrá decirse que son anónimas o seudónimas, pues en realidad no lo son. La obra seudónima es la del autor en su personalidad, salvo en el nombre con que firma; la heterónimo es del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos de cualquier personaje de cualquier drama suyo (…) Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, investida de la música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no debo ni a mí ni a la vida (…) Las obras de estos tres poetas forman, como se dice, un conjunto dramático; y se halla debidamente estudiada la interacción intelectual de las personalidades así como sus propias relaciones personales. Todo esto constará en biografías próximas, acompañadas, cuando se publiquen, de horóscopos y tal vez de fotografías. Es un drama en gente en vez de ser en actos. (Si estas tres individualidades son más o menos reales que Fernando Pessoa, es un problema metafísico que éste, ausente del secreto de los dioses, e ignorado por lo tanto qué es realidad, nunca podrá resolver.)»
Los heterónimos, a diferencia de los seudónimos son personalidades poéticas completas: identidades que en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original. Entre los heterónimos, el mismo Pessoa pasó a ser llamado ortónimo, ya que era la personalidad original. Con el tiempo, y con la maduración de las demás personalidades, el propio ortónimo se convirtió en un heterónimo más. Los tres heterónimos más conocidos (y también aquellos con mayor obra poética) fueron:
Álvaro de Campos, el único en manifestar fases poéticas diferentes a lo largo de su obra. Era un ingeniero de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.
Ricardo Reis, definido como latinista y monárquico. Simboliza la herencia clásica en la literatura occidental expresada en la simetría, armonía y bucolismo con elementos epicúreos y estoicos. Según Fernando Pessoa, Reis se trasladó a Brasil en protesta por la proclamación de la República en Portugal y no se sabe el año de su muerte. Por esta razón el escritor y premio Nobel portugués José Saramago pudo escribir su novela O ano da morte de Ricardo Reis (El año de la muerte de Ricardo Reis).
Alberto Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino sin estudios formales, pero es considerado el maestro de los heterónimos. Muertos su padre y su madre, quedó en casa de su tía-abuela viviendo de una renta modesta. Murió de tuberculosis. También es conocido como el poeta-filósofo aunque él rechazaba ese título. Creía que los seres simplemente son y nada más.
De los principales heterónimos de Pessoa, Caeiro fue el único que no escribió en prosa, pues decía que sólo la poesía era capaz de dar cuenta de la realidad. «Hay suficiente metafísica en no pensar nada».
Un cuarto heterónimo de gran importancia en la obra de Pessoa fue Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego), una importante obra literaria del siglo XX. Bernardo es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad tan característica.
CURIOSIDADES
El 30 de marzo de 1935, Fernando Pessoa dejó escrita una nota biográfica. Siendo el texto de autoría del propio escritor, debe notarse que constituye una biografía bastante subjetiva e incompleta, hecha de acuerdo con los deseos e interpretaciones de él mismo en ese momento de su vida: (de todos los datos, agrego aquí los que me parecieron más interesantes)
Nombre completo: Fernando António Nogueira Pessoa.
Edad y origen: Nació en Lisboa, parroquia de los mártires el 13 de junio de 1888.
Estado: Soltero.
Profesión: El nombre correcto sería «traductor», pero es más exacto el de «corresponsal extranjero de casas comerciales». El ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación.
Funciones sociales que ha desempeñado: Si por eso se entiende cargos públicos o funciones destacadas, ninguna.
Obras que ha publicado: La obra está esencialmente dispersa, por varias revistas y publicaciones ocasionales. Lo que, de libros o folletos, considera como válido, es lo siguiente: «35 Sonnets» (en inglés), «English Poems I-II» y «English Poems III» (en inglés también), y el libro «Mensagem» premiado por el Secretariado de Propaganda Nacional, en la categoría Poema. El polleto «O Interregno» publicado en 1928, constituyendo una defensa de la Dictadura Militar en Portugal, debe ser considerado como no existente. Habría que revisar todo eso y tal vez repudiar mucho.
Ideología política: Considera que el sistema monárquico sería el más propio para una nación orgánicamente imperial como es Portugal. Considera, al mismo tiempo, la monarquía completamente inviable en Portugal. Por eso, de haber un plebiscito entre regímenes, votaría, si bien con pena, por la república. Conservador de estilo inglés, esto es, libertad dentro del conservadurismo y absolutamente anti-reaccionario.
Posición religiosa: cristiano gnóstico y por tanto enteramente opuesto a todas las Iglesias organizadas, y sobre todo a la Iglesia de Roma. Fiel, por motivos que más adelante están implícitos, a la Tradición Secreta del Cristianismo, que tiene íntimas relaciones con la Tradición Secreta en Israel (la Santa Kabbalah) y con la esencia oculta de la masonería.
Posición iniciática: Iniciado, por comunicación directa de Maestro a Discípulo, en los tres grados menores de la (aparentemente extinta) Orden Templaria de Portugal.
Posición patriótica: Partidario de un nacionalismo místico, del que sea abolida toda la infiltración católico-romana, creándose, si es posible, un sebastianismo nuevo, que la substituya espiritualmente, si es que en el catolicismo portugués hubo alguna vez espiritualidad. Nacionalista que se guía por este lema: «Todo por la humanidad, nada contra la nación».
Posición social: Anticomunista y antisocialista. Lo demás se deduce de lo expuesto arriba.
Resumen de estas últimas consideraciones: Tener siempre en la memoria al mártir Jacques de Molay, Grado-Maestre de los Templarios, y combatir, siempre y en todo lugar, a los tres asesinos: la Ignorancia, el Fanatismo y la Tiranía.
SUS OBRAS
Entre los textos inéditos hallados en el célebre baúl del escritor portugués figuran:
Libro del desasosiego
La hora del diablo
Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad
La educación del estoico
El banquero anarquista
Mensaje
Ficciones de interludio
Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal.
ALGUNOS POEMAS
Fernando Pessoa
Lejos, bajo la luna,
En el río una vela
Serena pasa,
¿Qué es lo que me revela?
No sé, pero mi ser
Extraño se me hizo,
Y sueño sin ver
Mis propios sueños.
¿Qué angustia me ata?
¿Qué amor no se explica?
Es la vela que pasa
En la noche que queda.
¡Duerme, vivir es nada!
¡Duerme, es en vano todo!
Si alguien halló el camino,
Lo halló en la confusión,
Con el alma engañada.
No hay lugar ni día
Para quien quiere hallar,
Ni paz ni alegría
Para quien, por amar,
En quien ama, confía.
Mejor donde las ramas
Sin ser tejen doseles
Quedar como quedamos,
Sin pensar ni querer,
Dando lo que no damos.
¿Dicen?
Olvidan.
¿No dicen?
Dijeron.
¿Hacen?
Fatal.
¿No hacen?
Igual.
¿Por qué
esperar?
Todo es
Soñar.
Álvaro de Campos
Todas las cartas de amor son
Ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
Ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
Como las otras,
Ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor,
Tienen que ser
Ridículas.
Pero, al fin,
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.
Quién me diera en el tiempo en que escribía
Sin darme cuenta
Cartas de amor
Ridículas.
La verdad es que hoy
Mis recuerdos
De esas cartas
Son
Ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículos.)
Pero yo, en cuya alma se reflejan
Las fuerzas todas del universo,
En cuya reflexión emotiva y sacudida
Minuto a minuto, emoción a emoción,
Cosas antagónicas y absurdas se suceden:
Yo el foco inútil de todas las realidades,
Yo el fantasma nacido de todas las sensaciones,
Yo el abstracto, yo el proyectado en la pantalla,
Yo la mujer legítima y triste del Conjunto,
Yo sufro ser yo a través de todo esto como tener sed pero no de agua.
Alberto Caeiro
Es tal vez el último día de mi vida.
Saludé al sol, levantando la mano derecha,
Pero no lo saludé diciéndole adiós,
Hice señal de gustarme haberlo visto: nada más.
Ricardo Reis
Quiere poco: tendrás todo.
Nada quieras: serás libre.
El mismo amor que nos tengan
Al querernos, nos oprime.
No la que das, la flor que eres, quiero.
Porque me niegas lo que no te pido.
Tiempo hay para negar
Tras haber dado.
¡Flor, séme flor! Si te tomara avara
en mano infausta esfinge, tú, perenne
sombra, errarás absurda
buscando lo no dado.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Argo- Video - Vancouver Film School
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